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Mostrando las entradas etiquetadas como Microrrelatos

Atasco

El atasco parecía no tener fin. A donde alcanzaba la vista solo veía coches y más coches que como yo, deseaban llegar a su casa después de un día duro de trabajo. Una extraña megafonía alertandome de la próxima parada me sorprende de lleno. Giro la cabeza y a mi lado veo a una señora, de unos cincuenta años, con un gran moño que parece divertirle lo que está viendo en su teléfono móvil. Enfrente mío, ya no veo a esos coches interminables, sino a un señor mayor enseñando sus pelos canosos del pecho tras una camisa desabotonada. Un señor, vestido como un interventor de Renfe, me despierta del trance.  Voy en un cercanías, y ahora que recuerdo... Yo no tengo coche. Manuel López Hueso

Cliente silencioso

Todo el camino lo pasó en silencio. De vez en cuando y en cada semáforo lo miraba a través del espejo retrovisor del vehículo sin encontrar en él ninguna respuesta. Al rato llegaron a su destino. El cementerio municipal estaba repleto de gente, alguno lloraba, otro mataba el tiempo fumando un cigarro.. Nunca se iría a acostumbrar a su oficio de conductor de coche fúnebre pensó mientras frenaba el vehículo en frente de la puerta para empezar el cortejo.

La batalla

El monarca estaba siendo sitiado mientras sus soldados iban cayendo en el campo de batalla. Su esposa estaba lejos de el, quizás combatiendo contra el enemigo o quizás muerta. En un momento no había escapatoria; notó la fría mirada del que fue luego su asesino. Cayó fulminado como rayo. Al poco ya estaba otra vez en su sitio. Curioso sueño esto del ajedrez. Manuel López Hueso

Despedida

Quizás no trató el problema de ambos con diplomacia, ahora es tarde, sólo perduraba en su memoria aquel portazo a modo de adiós. Manuel López Hueso

Recuerdos

Si cierra los ojos aún puede recordar la mirada de su mujer, la sonrisa de su pequeña o las cervezas que se tomaba con sus amigos en el bar de la esquina. La suave fragancia de perfume le devuelve de nuevo a la realidad. - "Lleva la misma marca que me regaló ella." Pensaba mientras lo miraba. Intenta, con la mano, parar el camino de una lágrima que andaba errante por su mejilla pero no puede. Algo le impide levantar ambas manos. El del perfume viene acompañado por otro, que vestido de blanco, le sumistra la inyección. - Pronto seré libre del corredor de la muerte. Sólo es cuestión de tiempo." Cierra los ojos y se vuelve a encontrar con sus recuerdos. Manuel López Hueso

La bailarina de zapatos rojos

Allí estaba ella, de pié ante un público que ya no aplaudía, que ya no la admiraban. Hace algunos años era toda una estrella, bailando al son de la música, con sus zapatos rojos brillantes. De eso hace ya tanto que sólo guarda el recuerdo amargo de esos ojos brillantes que la miraban. Todo eso es historia ahora... ¡ah, no, espera!... El escenario se da nuevamente la vuelta, el mundo gira de nuevo, la nieve en su cabeza mientras escucha el suave giro de la manecilla. Otra vez vuelve a ser admirada en su bola de cristal mientras gira al son de la música. Manuel López Hueso

La mañana lluviosa

El chapoteo del tejado no dejaba dormir a Marta. Fuera el aroma del café que estaba preparando Hugo inundaba toda la cocina. La lluvia no cesaba en el exterior y el frío se apoderaba de todos los miembros de su cuerpo. Se levantó de la cama y fue donde estaba su marido. Le tocó su hombro y le dió los buenos días sin encontrar respuesta en él. - Veo que te has levantado hoy simpático. Le increpó esta. Le llamó la atención que sólo hubiera una taza. Algo le pasaba a Hugo. - ¿Estas bien?. ¿He hecho algo que te haya molestado?. La respuesta fue el mismo silencio de antes. Esta vez si pudo apreciar unas lágrimas en los ojos de su marido. - Está bien, como quieras. Me voy a dar una ducha. Espero que cuando salga me digas algo. Al salir vió algo que la sorprendió. En el calendario de la puerta marcaba el mes de Agosto. Pero lo que más aterrada le dejó fue que en que el último d...

Los dos señores

El era el Señor de todo el castillo. Al menos así se veía el. Tenía a súbditos que mañana tras mañana le adoraban como si fuera el mismo Dios viviente. Y a el eso le daba fuerzas para seguir gobernando. En la fortaleza de al lado un S eñor se había autoprocamado rey de esas tierras por lo que había cruentas batallas por el dominio. Hasta caballeros vestidos de blanco, mandados según el por el mismo Papa de Roma, llegaban a separar a estos dos señores y sus ejércitos con éxito. Ese Señor es mi padre y su castillo sólo la habitación donde duerme. El mundo detrás de los muros del hospital psiquiátrico es otro distinto, y mejor a veces, que el que vivimos al otro lado. Manuel López Hueso

El viejo del mar

El viejo marinero echa la red en medio del gran mar en el que navega con su barca. Es lo que lleva haciendo cada mañana desde que tiene uso de razón, y de eso hace ya muchos años. Su frágil memoria se fue debilitando hace poco pero aún recuerda días importantes de su vida.. Su primer beso, su boda, el nacimiento de sus hijos o la muerte de su esposa. Lo curioso es que no se acuerda, por más que se esfuerza, en como ha llegado alli esa mañana, tan sólo en que la noche anterior estaba en su cama, rodeado de su hijo el mayor el cual lloraba sin saber porque. ¡Parece que tenemos peces! d ice mientras recoge la red. Su esposa a su lado le sonríe. Manuel López Hueso

El Guetto

El frío había llegado y la comida empezaba a escasear, pero Otto estaba feliz esa mañana. Su pequeña panadería llevaba cerrada desde que empezó la guerra, y de eso ya hace tanto que ni se acuerda. La noche anterior, su esposa e hija habían montado en el mismo tren que ahora esperaba, que según los oficiales de la SS la llevarían a un nuevo Guetto en Treblinka donde tendrían comida, agua caliente y techo donde cobijarse en el duro invierno de Polonia. Acariciando la estrella amarilla de su chaqueta recordó el día del nacimiento de su hija. Ese momento fue el más feliz de su vida. Al llegar el convoy se montó en un vagón. No cabía ni un alfiler. Sentía que le faltaba el oxígeno. Pero el era feliz. Manuel López Hueso

Frente al espejo

En el salón una niña juega tranquilamente mientras su joven madre se maquilla frente al espejo. Las lágrimas hacen que sea tarea difícil. El reloj avanza rápidamente y daría lo que fuera por que se parara. Al poco la puerta se abre. Su sueño se torna de nuevo en pesadilla. No habrá maquillaje que camufle tanto sufrimiento. Manuel López Hueso

El osito de trapo

Las sirenas antiaéreas sonaban de nuevo en la vieja ciudad destruida ahora. El, como tantos otros, corrían por los cascotes de lo que había sido su hogar, donde hace unos años había paseado con su novia o donde había tomado algún que otro té. Hoy todo es olvido. Seguían los llantos de un niño que en la lejanía suplicaba unos brazos que los protegieran. Levantando piedras logró ver al pequeño, que se aferraba a un osito de trapo. Sólo pudo tocar la mano del niño, ya que un sonido indescriptible rompió el cielo seguido por una explosión. A las horas encontraron sus cadáveres juntos y un osito de trapo a su lado. Manuel López Hueso

El primer dia

Sentada en el frío andén de la estación espera su tren. A su alrededor jóvenes con los auriculares puestos con la mirada fija en un punto, producto tal vez de la somnolencia. Era su primer día de trabajo y no quería llegar tarde, razón de más por la que habría llegado puntual a la estación. Al llegar su tren se para, y sube ella y los demás viajeros. Avanza hasta la cabina del maquinista esperando que este salga, y cuando lo hace le da los buenos días y se sienta al mando del convoy. Hoy será un gran día, piensa mientras acelera el tren. Manuel López Hueso

Roma Imperial

Querida por muchos, odiada por otros. Así es la eterna ciudad cuyas ruinas duermen ante los flashes de cámaras y explicaciones de guías. Ella sabe que nunca volverá a ser lo que era y espera que el paso del tiempo la convierta en polvo para así descansar eternamente. Manuel López Hueso

El ciclón

Eres tan imprevisible como un ciclón, que devasta todo a su paso con la diferencia que este se va después del daño y tú te quedas a reconstruir la ciudad con ladrillos de papel. Lo raro es que me gusta. Manuel López Hueso

El primer beso

Recuerdo nuestro primer beso, nuestra primera caricia y hasta lo que cenamos aquella noche. Nunca supe decirte lo que te amo. Lástima que te lo diga hoy, en el dia de tu entierro. Manuel López Hueso

Sinfonía nocturna

Esa puta melodía de saxofón del vecino de arriba me tiene sin dormir. Tendré que enseñarle como suena un revólver 38. Manuel López Hueso

El olor de la verdad

Estaba ya tan acostumbrado al perfume que ella desprendía que cuando se le acercó notó la fragancia de otro hombre. Manuel López Hueso

Simplemente lo siento (microrrelato)

No se como pudo ocurrir. Siento haber bebido, siento no haber dejado que conduzcas tu... lo siento. Manuel López Hueso